La traición de la banca

La banca es una compañía que debe actuar en interés del cliente del servicio facilitando el acceso a los servicios y productos financieros. No obstante se ha transformado en un vendedor de feria.
El mercado financiero enlaza a los ahorrativos con quien precisa financiación. Y ese link tiene sitio por medio de profesionales. Los bancos, las entidades de valores, las bolsas dejan encauzar el ahorro a la inversión productiva. Lo opuesto es dejar la puerta abierta a la usura y al fraude.
La concesión irresponsable de crédito hipotecario pueda entregar sitio a la quiebra de la economía familiar y a la pérdida de la residencia. Por su parte, la colocación indiscriminada de participaciones preferentes, estructurados y otros productos complejos de alto peligro puede materializarse en pérdidas que hagan perder la confianza en el mercado. Son peligros sistémicos que afectan al mercado financiero y a la economía.
La crisis financiera nos ha abierto los ojos. El desarrollo económico favorecido por la innovación financiera de finales del siglo veinte nos había nuboso la vista. Los bancos han dejado de ser socorrieres del comercio para transformarse en protagonistas de la economía. Diseñan productos poco a poco más complejos multiplicando el endeudamiento. Crean automóviles para actuar en la sombra y acorazarse frente al peligro del cambio del ciclo.
Los márgenes son elevados, los fija de forma unilateral la propia banca. Lo esencial es crear nuevos productos y ponerlos entre los ahorrativos. La ganancia está asegurada. Poco importa que no sean convenientes a los objetivos de los clientes del servicio.
Hasta dos mil siete la maquinaria funcionaba a máximo rendimiento. Podían contratar una hipoteca para adquirir casa hasta los parados sin ingresos ni oficio conocido. Los inversores de los productos más complejos cobraban sus cupones y confiaban en renovar los contratos. La banca vendía y vendía sin preocuparse por las consecuencias de poner en el mercado una masa inmensa de productos de peligro y sin garantías, extraños a la economía real. Se aproximaba tormenta. Lo peor de todo es que la tormenta brota de la banca autora de estos instrumentos financieros de destrucción masiva

En interés del cliente

La banca es un mediador que debe actuar en interés del cliente del servicio y en defensa de la integridad del mercado. En la concesión de crédito debe valorar la solvencia del usuario para eludir el sobreendeudamiento. Solo debe entregar crédito de forma responsable, o sea conveniente a las necesidades del cliente del servicio. Con respecto a la inversión, debe limitar la oferta a productos recomendables para el cliente del servicio atendiendo a sus conocimientos y experiencia.
Alén de la información sobre los peligros la banca debe contrastar que el cliente del servicio entiende el producto y sus implicaciones financieras. No puede aconsejar un producto contrario a los objetivos de inversión del cliente del servicio o bien que no satisface sus objetivos. Por servirnos de un ejemplo, no debe aconsejar la adquisición de un producto perpetuo como las preferentes a unos retirados.
Tampoco debe recomendar a una pequeña empresa cubrirse en frente de la subida de las clases de interés a través de un swap cuando todas y cada una de las previsiones son de bajadas de tipos frente a una gran depresión. La banca se ha traicionado a sí. Ha dejado de administrar al usuario para servirse a sí. En vez de ofrecer servicios al cliente del servicio se ha dedicado a vender productos sin importarle la utilidad que puedan tener o bien los peligros que puedan producir. Jamás un médico operaría con el único fin de hacer caja. La operación médica solo tiene sentido en defensa de la salud.
De igual manera la operación financiera solo tiene sentido en defensa del patrimonio y del tráfico económico. Vender un producto creando un peligro financiero al usuario con la única finalidad de cobrar unas comisiones es infiel. Daña al usuario, y daña a la economía en su conjunto. La banca es el templo del dinero. Lo custodia y lo administra. Disfruta de este monopolio asumiendo la obligación de ofrecer un buen servicio de acceso al crédito y de colocación del ahorro. No obstante su comportamiento ha sido ventajista. Se ha aprovechado de su situación de ventaja y de sus conocimientos para hacer negocio a costa de sus clientes del servicio, sacrificando su reputación.
La relación entre el banco y el usuario no es de cambio. No es una compra y venta entre partes iguales. Es una relación profesional de prestación de servicios. El banco es, o bien habría de ser, un cooperador del cliente del servicio. Un mercader puede resaltar los beneficios del producto y enmudecer sus defectos. En una tienda podemos tocar el producto ya antes de adquirirlo. El cliente del servicio siempre y en toda circunstancia puede probar el producto y si no le agrada no lo adquiere. No obstante en finanzas, lo productos son abstracciones que no se tocan. Es el banco como profesional quien conoce el producto y lo ofrece al usuario como conveniente a sus necesidades.
El producto financiero no se toca, se adquiere sin probarlo sobre la base de la información suministrada por el banco. El cliente del servicio recibe una oferta con una opinión del banco y decide en consecuencia. Vender sobre todas y cada una de las cosas, sacrificando el interés del usuario es algo que el banco no debe hacer y la economía no puede permitirse. Su rescate lo pagamos entre todos.
La crisis nos ha enseñado lo esencial que es la actividad bancaria como servicio de interés general y lo aciago que resulta su paralización. La banca debe regresar a sus orígenes poniéndose al servicio del usuario.

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